Mi esposa y yo tenemos dos hijos, y siendo muy objetivo, yo soy el mejor padre (cuando hablo de padre me refiero al rol de padre no al género).
Soy el más paciente, más equilibrado, el más puntual. Soy un firme guardián de la hora de dormir y un guardián estricto de los tiempos de visualización de televisión. Soy enérgico?, Si. Con disciplina?, SI. Sin embargo, yo también soy un compañero de gran ayuda cuando se trata de lucha para surgir o de cosquillas.
Sé que hay "expertos" por ahí que dicen que la paternidad no debe ser una guerra competitiva, pero sospecho que la única razón de porque los expertos están diciendo esas cosas es porque están perdiendo sus propias guerras en la crianza de sus hijos en el hogar.
Quiero ser claro: la paternidad es un deporte de sangre. Madre y padre deben lucha a muerte para elevar su descendencia de la mejor manera posible (es decir: lo más parecido a sí mismos). ¿De qué otra para asegurar que pasamos, no sólo la mitad de nuestros genes, sino el cien por cien de nuestra "Toukon", o "espíritu de lucha"?.
Un ejemplo: Dejando a mi hija en la cama anoche, mi esposa y yo tuvimos una pequeña disputa sobre quién de nosotros es el más obstinado, por supuesto, insistí que ella era la más obstinada de nosotros. Pero ella es tan terca que se negó a aceptar mi veredicto e, increíblemente, insistió en que yo era el más obstinado. Estabamos en un callejón sin salida. Entonces, para resolver el problema, le pregunté a mi hija "¿Quién de nosotros es más obstinado".
Ella se puso pensativa, tal vez no queriendo ser obligada a elegir entre sus padres. Tonterías. Boberías. Insistí. "¿Cuál es, pues?".
"Tú", dijo, mirándome.
"Te lo dije", sonrió mi esposa cuando salió de la habitación.
"Gracias", le dije a mi hija y la besé en la frente. "Por probar mi punto, cariño, por probar mi punto".
Permítanme explicar: Si ella fuera el mejor padre, mi hija habría señalado con el dedo acusador en dirección a mi esposa. Pero sabiendo que un verdadero "gran padre" será más tolerante y comprensivo, igual ella me señaló. Pero como yo soy el mejor padre, se arriesgó a ver mi ira a los ojos y con la certeza de que al instante yo la perdonaría a ella y a su evidente mentira por el bien de mantener la armonía en nuestro feliz hogar.
Mi hija instintivamente entiende que he hecho un trabajo magistral como padre y que en el Combate a Muerte conocido como "crianza de los hijos:" Yo soy la claramente e indiscutible el ganador.
(Por favor, no mostrar a mi esposa, no quiero morirme de verdad, tengo 2 hijos y quiero llegar a verlos cuando se muden de la casa).
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